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Una vida dedicada: La historia de Ignacio García Pérez

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A la pronta edad de 11 años, Ignacio García Pérez (Navares de Enmedio) se mudó con su familia a Segovia capital y desde ahí comenzó a conocer los pocos locales de hostelería de la época, una década, la de los años cincuenta del siglo pasado, en donde su labor consistía en llevar los pedidos de la carnicería de su padre a restaurantes como ‘Cándido’, ‘Duque’ o ‘La Oficina’. 

Ahora, recién cumplidos los 75 años, no para de rememorar sus primeros pasos en la cocina de ‘Duque’, a los 16 años, en donde servía para todo, desde pelar patatas u otras verduras a fregar sartenes y herramientas, al mando de Fidel Urrialde.

Los inicios

Por aquel entonces la hostelería era más dura, las jornadas eran infinitas, pero ese ambiente le gustó y, desde entonces, la convirtió en su profesión. Antes de nada, desembarcó en un restaurante en el Puerto de Navacerrada, en donde durante las mejores épocas de esquí, el establecimiento, estaba hasta la bandera.

De vuelta en su tierra, acabó en el Hotel Casas, cuya especialidad eran los banquetes matrimoniales, y cuyo propietario, era un antiguo amigo de sus padres y, en 1969, dio el salto al entonces lugar más popula de Segovia, en plena Plaza de Medina del Campo, el ‘Narizotas’, una taberna, que ahora está volviendo a remodelar. 

Durante su amplia experiencia fue parte del “Horno de la Aldeguela”, montó “La Cocina de San Millán” en donde según él tuvo la oportunidad de trabajar en cocina con gente a la que Ignacio consideraba interesante.

Experiencia y vuelta al ruedo

Desde la larga trayectoria vivida por García Pérez, este anticipa que, a pesar de que la amplia mayoría de turistas van a Segovia a comer cochinillo o cordero, la restauración segoviana, así como su nivel han mejorado mucho, elaborando platos excepcionales que no dejan duda del nivel gastronómico de la zona.

Tremendamente vinculado al popular Tomás Urrialde, este fue quien le dio la posibilidad de que se hiciera cargo de la Asociación de Cocineros y Reposteros de Segovia, y que por otra parte también intervino en la creación de una federación a nivel nacional.

Este año García Pérez volverá de nuevo a estar al mando de la orquestra dirigiendo la sinfónica del gorro blanco que elabora 1.100 kilos de judiones de La Granja, para 11.000 comensales, que por motu proprio preparan los cocineros de la asociación en su día libre.  También han sido solicitados por el Ayuntamiento de Segovia para cocinar alrededor de 1.500 raciones de potaje carnavalero, que, si todo marcha como debe, hará que la actividad de este colectivo recupere su brío.  

Tener una conversación con Ignacio García sobre cocina siempre aporta consejos y tácticas a tener en cuenta, el primero de todos: el éxito reside en la calidad de los productos.  Al rato habla de platos fáciles y sencillos, para lo que rememora a su bisabuela la cual empezó elaborando unas patatas con berza y manteca de cerdo, desde donde el chef García Pérez ha creado una crema y ha cambiando algunos ingredientes.  Por último, nos dice orgullosos que es el cocinero de sus nietos, de tres y seis años, y que durante la semana, ve muy necesario enseñar a los más pequeños a comer verduras y legumbres.

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